sábado 27 de junio de 2009

Resumen del año

Pausa, hasta finales de Agosto, toca resumen del año , bueno no toca pero apetece. Mejor película del año en cines: Vacaciones de Ferragosto, mejor disco del año, Ronroneando, de Sr. Chinarro, mejor libro, la obra completa de Vinyoli, mejor deportista, Iniesta.












Buenas vacaciones !!!!

PD 1ª


PD 2ª

martes 23 de junio de 2009

Alejandro Rossi

Hace pocos días murió Alejandro Rossi , autor de uno de mis libros preferidos.




La lección del distraído

Humberto Beck

La historia de la literatura moderna, y aun de la literatura, podría narrarse como la historia de los deslindes y las fusiones entre la crítica y la creación. En el capítulo que este hipotético historiador dedicase a las letras hispanoamericanas, el Manual del distraído, de Alejandro Rossi, ocuparía un lugar imprescindible.
En el Manual, Rossi desarrolla una subversiva premisa literaria: el relato es un vehículo para la crítica tan válido como el ensayo. De ahí su tendencia a presentar las narraciones como un examen del mundo, pero también como un examen del propio relato; a escribir cuentos a partir de técnicas ensayísticas que cuestionan los materiales narrativos al mismo tiempo que los exponen.
¿Cuáles son las fuentes de esta actitud? Quizá la interpretación que Ortega y Gasset hace del ensayo como “salvación” de un personaje, una idea, una circunstancia, así como la recepción de la obra de Jorge Luis Borges, no como un estilo a imitar –callejón sin salida de las letras en español– sino como una disposición intelectual y lúdica a emular. Del primero, Rossi también ha adquirido la conciencia del ensayo como espacio de pensamiento y creación, el auténtico escenario de un drama de las ideas. Del segundo, la visión del relato como género especulativo, asociado con la disquisición y el ensayo.
El efecto de esta confusión entre la prosa ensayística y la narrativa ha sido la introducción en la literatura mexicana de un nuevo tipo de reflexividad literaria. No la constatación desesperada de la imposibilidad de la literatura o la automirada obsesiva sobre el acto de escribir, sino la integración en el texto de una interrogación sobre las posibilidades y límites de lo literario, de personajes que, como Gorrondona y sus discípulos, sopesan continuamente su propio estilo y anticipan en sus propios juicios las reacciones de la crítica, el público y la posteridad. El resultado es una serie de relatos autoconscientes de sus carencias, sus excesos, sus mutaciones.
La voz narrativa del Manual es un ego cogito literario, análogo al filosófico, que postula para las letras un punto de partida análogo al de la filosofía según Descartes: la duda. En el Manual, la literatura desconfía de sus propios procedimientos, de su capacidad para dar cuenta del mundo o de crear otros mundos, pero Rossi transforma esta conciencia de los límites en una sustancia literaria. Su duda no desemboca en la teorización paralizante o el silencio: se convierte en otro impulso para narrar. Los relatos del Manual producen la sensación de que el narrador está pensado la historia con nosotros, “ensayándola” ante el público, reconstruyéndola de primera mano ante nuestros ojos. No es difícil advertir en esta impresión, como un eco formal de los Diálogos platónicos, la voluntad de reflejar en la escritura el dinamismo de lo oral.
Resultaba inevitable, en consecuencia, que el estilo de Rossi, formado en las tradiciones críticas de la filosofía, gastara en la mayoría de los textos del Manual una broma contra alguno de los lugares comunes de la literatura: las experiencias aleccionadoras, la “voz interior”, el tremendismo malditista, la cursilería, los asombros teatrales e impostados. “Un choque entre dos bicicletas era más apasionante que una puesta de sol.”
El Manual del distraído es de este modo una airada denuncia de la desproporción que existe entre las elevadas exigencias de “lo literario” y la humildad de lo real. De ahí la insistencia en la pobreza de los materiales que la vida ofrece para la escritura y el cultivo de un placer por las minucias a falta de hechos decisivos y revelaciones pasmosas. Al igual que Bergson, Rossi concibe la raíz de lo cómico como la interrupción de lo que iba a ser, y por eso alimenta sus cuentos y ensayos con la discontinuidad entre la realidad y la literatura. La advertencia implícita es que toda visión crítica de la escritura es, por naturaleza, cómica: la risa brota naturalmente de esas fisuras insalvables entre el texto y la realidad. La sinceridad, en literatura, no lleva a la confesión sino a la ironía.
En una de las páginas del Manual, Rossi resuelve: “el misterio no existe, el misterio es puro artificio. ¡Qué descanso, qué alegría saber que la vida es aburrida, trivial y clarísima!” Descreer de la literatura contaminada de absolutos, autoerigida en sucedáneo de la religión, hacer la crítica de sus inercias y lugares comunes, podría interpretarse como parte de un proyecto ilustrado extendido a la literatura, pero también como la aplicación literaria del impulso inicial de la filosofía: la destrucción socrática de la doxa, de las opiniones remachadas mecánicamente y nunca disputadas por el juicio de la razón.
Este espíritu de suspicacia preside las páginas del Manual. Como primer texto del libro Rossi eligió, sin embargo, un ensayo titulado, significativamente, “Confiar”. La crítica supone un universo sin certezas, en el que todo puede ser puesto en suspenso por la duda. Para evitar un descenso en la desesperación, también supone un sustrato parecido a la fe: la confianza en que, más allá de todas las incertidumbres, existe un mundo –una literatura– que merece ser cuestionado. Esta es la lección del Manual del distraído. ~

Humberto Beck

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http://www.letraslibres.com/index.php?art=13197

domingo 21 de junio de 2009

varias cosas

Un post con varias cosas: Yo ficharía a Tevez , es de los pocos delataros que trabajan en defensa.



Una película Parque Vía , es lenta, muy lenta, me gusto mucho, lo peor es el poster, no lo pongo.




Argumento
"Beto es cuidador de una casa en la Ciudad de México, vacía desde hace años y en la que antes trabajada como mozo. La soledad de los últimos diez años, así como la rutina y la monotonía de su trabajo, han hecho que esté cada día más encerrado en una vida que la mayoría considera asfixiante; sin embargo, a él le da la seguridad y la estabilidad que no encuentra en el amenazante mundo exterior. Tanto así que ha desarrollado un miedo patológico por este mundo en el que únicamente se relaciona con dos personas: la Señora de la casa, por la que siente un profundo agradecimiento y respeto tal que se traduce en incondicional obediencia, y Lupe, amiga, confidente y amante.
La noticia de la próxima venta de la casa enfrenta a Beto a un dilema entre atreverse a salir y vivir o buscar la manera de permanecer en su confinamiento"

Un libro interesante y algo raro :


Texto editorial:

La sinagoga de los iconoclastas
Wilcock, J. Rodolfo

J. Rodolfo Wilcok nos presenta una singular galería de retratos: las vidas imaginarias de treinta y seis personajes, teóricos, utopistas, sabios, inventores, todos ellos abnegados héroes del absurdo. Seres que, apoyándose en las sólidas bases de la ciencia o de alguna disciplina presentada como rigurosa, o, por lo menos impulsados por una ineludible intuición, llevan sus consecuencias hasta el final y se encaminan tranquilamente y, tal vez, con argumentos convincentes hacia la demencia... a menudo, se dice, limítrofe con el genio. Estas vidas monstruosas, que la historia intenta en vano, por pudor, olvidar, son rescatadas por un enciclopedista que registra inexorablemente, Plutarco de lo incongruente, impasible como Buster Keaton, sus más memorables peculiaridades. Saltando a través de disciplinas, épocas y continentes, encontramos entre otros a: Juan Valdés y Prom, filipino, famoso por sus extraordinarias facultades telepáticas y por la crisis de glosolalia que provocó en los ilustres personajes reunidos en un congreso en la Sorbona; por lo demás, «se parecía demasiado a un santo como para no asociarle inconscientemente a la idea de burdel». Aaron Rosemblum, quien preconizaba, en 1940, el retorno a la época elisabethiana, mediante la abolición de toda novedad aparecida en el mundo desde 1580; confiaba en el apoyo de Hitler, ya que ambos perseguían el mismo objetivo: la felicidad del género humano. Yves de Lalande, primer productor de novelas a escala realmente industrial. Sócrates Scholfield, inventor de un artilugio que demostraba la existencia de Dios. Llorenç Riber, catalán, aclamado director de teatro, quien, entre otras conspicuas performances, realizó en Oxford un montaje de las Investigaciones filosóficas de Wittgenstein. Etc., etc. "La sinagoga de los iconoclastas" evoca los retratos imaginarios de Marcel Schwob y los libros inventados de Borges, pero la profusión de los temas, el ingenio siempre renovado de Wilcock, y su inagotable arsenal de humor, casi siempre homicida, acaban por conducir a un resultado a menudo escalofriante. Estos «iconoclastas» cada uno de los cuales resquebraja un tanto la imagen que nos hacemos del universo nos proponen un contrauniverso al cual podemos oponer bien pocas certidumbres. Ya que, y éste es uno de los méritos principales de este libro de locura maravillosa casi todas estas teorías son plausibles, o en todo caso poco menos que aquellas que se ponderan gravemente en las cátedras universitarias.

Y ya puestos una canción de Sr Chinarro


Y una mini viñeta cotidiana :
Estoy en la playa, una chica en topless se levanta y se acerca a otra, le dice algo, la otra que también hace toplees le deja su parte de arriba y la primera se la pone, desaparece cinco minutos y luego le devuelve la parte de arriba.

jueves 18 de junio de 2009

Joan Vinyoli , Grec .

EL LLOC

Quan sóc ran de l’abisme, què em reté?
No cau mai daltabaix el vianat
que sap que res no porta mai enlloc,
que el lloc és embrollar-se per camins
desconeguts i veure-ho tot de pas,
amb la certesa de no trobar jaç
per dormir-hi tranquil o fer l’amor,
si jove és, o pensar-hi, de vell,
sentint el vent o el xiscle d’un ocell

Joan Vinyoli
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Ens hi ha portat la paraula. Vinyoli. Amb Lluís Soler i Edua
Mirador del Grec
Dies 25, 26, 27 de juny i 2 de juliol de 2009

La veu de Lluís Soler interpreta el poeta català Joan Vinyoli acompanyat de la música d'Eduard Iniesta. Alerta aquest espectacle inaugura un nou espai: el Mirador del Grec en el mateix Teatre Grec.

Coproducció de La Perla 29 i el Grec'09 Festival de Barcelona.
Preu entrada general: 16 euros

Hora: de 21:00 h a 22:00 h

RECITAL DE POESIA MUSICADA

miércoles 17 de junio de 2009

Sergio Chejfec

Libro que estoy leyendo y que recomiendo. Descubrimiento de V-M







ENRIQUE VILA-MATAS
Un camino insólito


1 - Empiezo como puede que termine: a la deriva. Y lo hago preguntándome si tienen forzosamente las novelas que narrar una historia. La respuesta es sencilla: pretendan contarla o no, siempre la cuentan. Porque no hay un solo lector inteligente que, por mucho que le den a leer algo raro, e incluso la novela más hermética del mundo, no sepa leer una historia detrás del impenetrable texto que hayan podido darle. Ahora bien, ¿qué puede suceder si el lector es inteligente y en cambio el novelista no lo es? Sospecho que en esos casos tiene lugar siempre una gran fiesta. Me acuerdo de Georges Simenon, que dijo que no es en absoluto necesario que un novelista sea inteligente, sino todo lo contrario: cuanto menos inteligente sea, más posibilidades se abren para él de ser novelista. Sin duda llevaba toda la razón del mundo, porque yo he tratado a grandes novelistas a lo largo de mi vida y ninguno me ha parecido muy inteligente, sobre todo comparado con otras personas que he conocido: personas dedicadas a otras artes, negocios o ciencias.


Hay excepciones a esta regla y el novelista argentino Sergio Chejfec es una de ellas. Aunque, si lo pienso bien, este escritor es alguien a quien no le cuadra bien la palabra novelista, porque él en realidad crea artefactos, pensamiento narrado antes que novelas. En Mis dos mundos, por ejemplo, nos recuerda que hay novelas con historias, pero también novelas como la suya, que no son tan ortodoxas, aunque contienen también historias. La que se cuenta en Mis dos mundos (Candaya) no es fácil de sintetizar, pero digamos que es la historia de un escritor que, a punto de cumplir los 50 años, y probablemente debido a esta fecha crucial, quisiera convertirse en un no escritor. Esto lo sabremos cerca del final, aunque es una ilusión que organiza el relato: la historia de un escritor que está visitando una ciudad del Brasil y, mientras recorre su parque más emblemático, ve en ese gran espacio medio abandonado (incluyendo las barcas con forma de cisne o las aves cautivas) señales de su propia condición incompleta y una prueba cósmica de que cualquier autenticidad es imposible y de que "así como uno no elige el momento en que va a nacer, también ignora los mundos variables que va a habitar".

2

- La caminata ocupa casi todo el libro. Es un paseo cargado de frases que disuelven -algunas de forma asombrosa- el sentido de frases que han aparecido páginas atrás. Allí donde el narrador (cuyos dos mundos parecen confundirse tanto como en ocasiones se mezclan en el libro el estilo ensayístico con el narrativo) vacila y duda sobre lo que está narrando, o bien se pregunta cómo hacerlo, Chejfec, en el fondo, no se lo pregunta jamás. Es más, está entre quienes dominan con mayor maestría tanto el arte de la digresión como el de la narración en la literatura actual. Ante Chejfec, en una primera impresión recordamos a muchos autores admirados, y en un segundo momento -más sólido y perdurable en el tiempo- advertimos de que no se parece a nadie y que ha elegido un camino insólito, único, muy diferenciado, que tarda en distinguirse a causa de las exigentes y muy personales búsquedas que el propio autor realiza en su narrativa.

Chejfec parece pertenecer a una casta de escritores que debió comenzar a existir allá por los tiempos en los que Proust mostró su desprecio por una novelística reducida a un desfile cinematográfico de las cosas. Siempre he pensado que ese tipo de desfiles, aparte de ser burdas traducciones de la vida interior del narrador, operaban perniciosamente, actuaban como impedimento para que pudiéramos hundirnos en el fragmento de una historia -o en el detalle de un fragmento de esa historia- y dedicarnos por fin a la deriva feliz que podríamos hallar, por ejemplo, en el análisis a fondo de la condición de relato de un relato -nuestro propio mundo, sin ir más lejos- desprovisto en realidad por completo -para qué engañarnos- de sentido.

Chejfec -muy injustamente poco conocido entre nosotros- destaca entre los novelistas que de un tiempo a esta parte vienen esforzándose por traducir sus historias al pensamiento narrado, género del que, aun no sabiéndose mucho, se sabe al menos que escapa con inteligencia ensayística de la corriente de aire limitado de los grandes novelistas con tendencia obtusa al desfile cinematográfico de las cosas. ¿He calificado de obtusa a esa tendencia? Voy bien. Perfecto. Veo que afortunadamente sigo paseando -como el discreto héroe de Mis dos mundos- a la deriva

lunes 15 de junio de 2009

Billy Wilder

Ya he terminado mi ciclo Wilder, he visto muchas aunque no todas, no soy ningún cinéfilo. Estas tres son de las que mas me han gustado, las destaco también por no ser el Wilder mas popular, el de las comedias. Aquí los temas son bastante duros: engaños, alcoholismo, mitos caídos en el olvido….



sábado 13 de junio de 2009

Relaciones silenciosas

Hay relaciones silenciosas, son relaciones con personas que ves en determinados sitios de forma habitual, pero con los que nunca llegas a hablar. En el bar que desayunas cada día suele haber las mismas personas, en la biblioteca hay también unos habituales, las personas que te cruzas en el calle al ir al trabajo o que van en el tren, metro o autobús a la misma hora. Es una foto fija, a modo de la peli Somoke, pero de vez en cuando la foto se mueve, eso me pasó hace unas semanas. Estaba con P en una tienda del Born, mirando ropa para ella (aclaración imprescindible) cuando entró una señora, y pensé, “esta tía no tendría que estar aquí" estaba fuera de plano, había dejado su foto, lo peor es que al mirarla la tía no hizo ni un mínimo gesto de reconocerme, de extrañarse, creo que yo no estoy en su álbum.



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